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Doña Lucía: el arte de vivir bien en la vejez

 

 
Bogotá, agosto 16 de 2019. La Señora Lucía Arminda Velásquez De Acevedo tiene 77 años, vive en el barrio ‘Britalia’ desde hace 25 años, tuvo cinco hijos los cuales se convirtieron en su razón de vida.

Desafortunadamente sus dos hijos mayores murieron víctimas de un robo, luego de ser abaleados. Con lágrimas comenta que apenas habían cumplido 32 y 33 años, respectivamente, cuando los mataron vilmente, Sufrió tanto que sintió que ese duro golpe no lo podría soportar. Dice que “el dolor de perder un hijo es como cuando se arranca una flor de la raíz de la tierra”.

Luz Stella, una de sus hijas, murió el 28 de julio de este año. Ella ya había estado enferma con problemas de útero y empezó radioterapias. Al parecer, había sanado y le dieron salida. Sin embargo, no asistió a los controles y este año empezó con una gripa. Luego le siguió la tos. Le dieron remedios caseros, la cuidaron por mucho tiempo, la llevaron al hospital de Kennedy y allá dijeron que tenía una bolsa de agua en el pulmón. La operaron y la drenaron. Estuvo cuatro (4) meses allá, salió, siguió enferma, decayó y falleció. Nuevamente la señora Lucía sintió que su vida era arrancada de su ser, recordó el dolor de la partida de sus dos hijos y ahora para colmo de males se sumó esta tragedia que enlutaría más su existencia.
 

Debido a todos los problemas que cada día se sumaban a su vida, con su corazón destrozado por tantas pérdidas importantes, doña Lucía poco a poco empezó a sentir que se perdía en un mar de soledad y tristeza infinita. Entonces decidió buscar apoyo y escuchó de una de sus amigas mayores que había un ‘Centro Día’ y que allí hacían cosas muy buenas, que habían actividades, que los llevaban a sitios muy bonitos en la ciudad, pero lo más importante que había mucho amor entre todas las personas mayores que, como ella, estaban sufriendo en silencio.

Fue así que la señora Lucía se animó a asistir al Centro Día ‘Caminos de vida’. Cuenta ella que es muy cerca a su casa. Fue a llevar los papeles, no le pusieron problema por nada, le dieron una muy buena bienvenida. Dice ella que le impactó ver tanta gente bonita trabajando por las personas mayores y que al principio le costó un poco entender que tantas personas como ella necesitaran amor, cariño, comprensión y compañía.

Cuenta que hay psicólogos, enfermeros, les hacen ejercicios, les dan desayuno y almuerzo, pero lo mejor de todo tiene muchos amigos que aprendió a querer. Ahora tiene con quién hablar y los profesores del Centro Día son muy amables, los tratan con respeto y con cariño, les enseñan cosas que les sirven para vivir su vejez de una manera más digna, alegre y feliz.

En el centro día ‘Caminos de Vida’ empezó a jugar tejo, se inscribió en un campeonato y ¡vaya sorpresa!, se ganó una medalla por haber obtenido el segundo puesto. En ese campeonato conoció mucha gente de otras localidades y todo esto la ha llevado a comprender que nunca es tarde para aprender un arte u oficio. Ella aprendió que no se es viejo por la edad sino por las cicatrices que dejan los años vividos.

Fuera de todo lo que ha hecho y aprendido en estos meses, también ha conocido muchos lugares que ni sabía que existían como: El Jardín Botánico, el Parque Timiza, Maloca y el Parque Mundo Aventura. También fueron a ver las obras de Botero entre muchas otras cosas hermosas que han vivido allí.

Dice la señora Lucía que no pensó que existiera un sitio tan hermoso para que los ‘viejos’ fueran felices. Dice que ha aprendido a compartir con todos, a superar las pérdidas, ha empezado a entender que es la vejez y el envejecimiento, se ha dado cuenta que tiene derechos, que merece amor después de tanta violencia, abusos y maltratos, expresa que su voz tiene eco, es escuchada, se siente acompañada, la abrazan, siente que en este espacio está como en familia.

Doña Lucía ha aprendido a ser feliz, aprendió a reírse, se cuida, hace ejercicio, sabe qué debe comer y a qué hora hacerlo, se toma sus medicamentos. Se dio cuenta que aunque las experiencias de la vida sean difíciles no se debe quedar en el sufrimiento, sino que debe aprender de ellas. Cada sufrimiento en su vida es una razón más para seguir adelante con la convicción que cada día puede ser mejor que el anterior.

Hoy da infinitas gracias al Centro Día ‘Caminos de Vida’, a la Secretaria Distrital de Integración Social porque cree en los viejos, porque tiene centros como este que son refugios de amor para los más necesitados. Ella asegura que, “este sí es un Camino de Vida que quiero recorrer y en el aprendí el arte de vivir mi vejez feliz, con arrugas en mi cuerpo pero llena de esperanza, dicha y sanando mis heridas de guerra”. Doña Lucía, es una mujer feliz. 

 
 
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