Integración Social, una luz para Luciano

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Bogotá, julio 5 de 2017. “He logrado una segunda oportunidad en la vida y la estoy encaminando a ayudar a las personas mayores para que, conjuntamente, logremos una vejez digna, activa y feliz. Todo de la mano de la Secretaría Distrital de Integración Social”. Así lo expresa Luciano Osorio, un exhabitante de calle, quien después de varios intentos de salir del mundo de las drogas, lo logró y hoy es un ejemplo de superación.

La vida de don Luciano Osorio es un acto de fe: a los 75 años de edad su voz madura da testimonio de sus reflexiones como exdrogadicto y exhabitante de calle. Hoy en sus palabras, es “una persona digna, un líder que apoya a la comunidad con la ayuda de la Secretaría Distrital de Integración Social; un ser humano que aprende y replica sus conocimientos a la comunidad; es un hombre valorado.”

Con orgullo muestra una constancia que da cuenta del proceso de rehabilitación culminado satisfactoriamente. En ella resaltan su buen comportamiento y su espíritu de colaboración, sumados a su material de líder y a su gran capacidad de comunicar.
Luciano es elocuente, pausado, muy formal a la hora de vestir y respetuoso en sus modales. Dista mucho del ser que dice que fue y recuerda a menudo la vida que en la calle llevó, consumido por el ‘bazuco’ y la marihuana.

No evita, ni evade su pasado. Por el contrario, abre su corazón y lo relata detalladamente, de tal manera que termina intimando con su interlocutor. Su inicio en las drogas se dio en los años 60’s, tenía 18 y cursaba tercero de bachillerato. Para entonces jugaba en un equipo de fútbol y en una de las canchas aledañas al Campin probó la Marihuana. Esa fue, según él, la entrada al bajo mundo, porque después del cannabis, vino el ‘bazuco’ y el autoabandono. “Yo prefería el vicio antes que la comida, perdí la autoestima y no me importaba nada”, dice.

En la década de los 80, entre sus 35 y 40 años de edad, fue la etapa más dura. Dormía en la calle, buscaba entre la basura que comer y se bañaba en el río. En ocasiones algunas personas le regalaban dinero. Lograba 2 mil pesos que pensaba gastar en gaseosa y pan, pero el deseo incontrolable por el ‘bazuco’ lo hacía cambiar de parecer. Caminaba 15 metros y de inmediato desviaba su camino a la ‘olla’ más cercana. En otras ocasiones vendía lo que podía, hasta la ropa en mejor estado y la negociaba obteniendo dinero para el vicio. Para ese entonces vivía en Villavicencio, solo, desamparado y lejos de su familia.
 

Su voz no se entrecorta; los recuerdos no lo amilanan. Por el contrario, es cuando con más fuerza y vehemencia habla, en especial cuando comparte el día en el que cansado de su estado le pide a Dios que lo ayude. Necesitaba y quería estar cerca de su familia. Fue entonces cuando tuvo una especie de epifanía. Justo allí, a un lado del río en el que dormía, manifestó su deseo desde el fondo de su corazón, se dirigió al parque del Hacha en Villavicencio y pronto dos señores lo recogieron llevándolo a un centro de rehabilitación.

En el programa duró 6 años. Afirma que no fue fácil, pues entraba y salía constantemente. Fueron más las recaídas que la constancia, pero aun así el deseo de liberarse de la adicción no lo abandonaba. Así que, con mucha fe en Dios logró un año en gracia: 12 meses en los cuales no consumió droga ni cayó en el autoengaño. Durante ese tiempo, dice, fue cuando más a prueba estuvo su fe, la fe en un Dios que no veía y no escuchaba pero que lo reconfortó y obró dentro en él.

Se siente agradecido con la vida, pues una vez superó su adicción, retornó a Bogotá donde recuperó a su familia. Ellos ahora reconocen su valor y su fuerza de voluntad. Para don Luciano otro factor importante en su historia fue llegar a Integración Social y a la subdirección local de Barrios Unidos.

Hoy se considera un hombre digno que ayuda a la comunidad pues les replica el conocimiento que aprende en las distintas actividades que participa dentro del programa de Desarrollo Humano en el Centro Día ‘Tierra de Saberes’. El programa fomenta los procesos de autonomía de las personas mayores en el ejercicio de una vejez digna, activa y feliz, potencializando el reconocimiento y la puesta en práctica de sus habilidades desde distintos ámbitos.

Precisamente en estas actividades aprendió a bailar bambuco, joropo y tango; éste último género musical es al que más se ha dedicado, presentándose en distintos escenarios. Don Luciano también participa de actividades deportivas como gimnasia, trabajos manuales y el hecho de poder compartir con adultos mayores iguales a él.

Dos días a la semana recorre barrios como El Gaitán, Modelo Norte, los Alcázares, la carrera 15 con calle 85 y hasta la calle 72, vendiendo bolsas para la basura y los recursos que obtiene, junto con el apoyo económico de 240.000 pesos bimensuales del Proyecto Envejecimiento Digno, Activo y Feliz, en el marco del cofinanciado de recursos de la Nación programa Colombia Mayor y el Distrito, logra su manutención.

Actualmente la Subdirección Local cuenta con 615 personas inscritas en este proyecto, 535 de la localidad de Barrios Unidos y 80 de la localidad de Teusaquillo.

Como el caso de don Luciano, hay miles de historias de personas que gracias a la ‘Bogotá Mejor Para Todos’, aprovecharon las segundas oportunidades y han hecho de sus experiencias una gran fortaleza.
 

 
 
 
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