Secretaría Distrital de Integración Social

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Mercando sobre dos ruedas

 
Con una mano empuja el carrito de mercado y con la otra impulsa su silla de ruedas. Para unos segundos para mirar la estantería. Suelta el carrito y estira sus dedos para alcanzar una bolsa de yogurth la cual deposita con cuidado para continuar su recorrido.
 
Cada mes, sin falta, Diego Fernando Grisales recorre en su silla de ruedas algunos kilómetros en la localidad de Tunjuelito para reclamar el bono ‘Mi Vital’. Lleva consigo dos morrales donde empaca uno a uno los productos de la canasta familiar que necesita.
 
Hace más de ocho años que Diego Fernando perdió la movilidad de sus miembros inferiores en un atraco. Una puñalada le atravesó la espalda y nunca más pudo volver a caminar. Sin embargo, eso no fue impedimento para que este ingeniero químico luchara por sobrevivir. Es difícil. A raíz de su discapacidad, según él, no le dan trabajo en una empresa normal y le toca desenvolverse pagando servicios públicos de vecinos, volanteando y vendiendo lociones, entre otras actividades informales.
 
Con el apoyo que le entrega la Secretaría de Integración Social este ingeniero hace mercado. Cada mes se dirige a uno de los supermercados de su barrio donde compra arroz, pollo, huevos, frutas, verduras, entre otros productos. 
 
 
“Trato de alimentarme muy bien. Tengo días muy pesados que me exigen utilizar mis brazos con fuerza para dominar mi silla de ruedas. Es una ayuda muy grande lo que Integración Social le brinda a las personas con discapacidad como yo. Pero no me dejo morir. Hay un porvenir y unos años por vivir. Hay que sonreír y ponerle la cara amable a la vida, así sea en dos llantas”, asegura Diego mientras agarra con fuerza una ‘paca’ de bolsas de leche.
 
Vive solo. Cuando tuvo el accidente su esposa lo abandonó al enterarse que no volvería a caminar y se llevó su hijo con ella. Asegura que su familia lo ayudó por poco tiempo y luego le dio la espalda. De los amigos que tenía ninguno apareció cuando más los necesitaba. Huyeron más rápido que el delincuente que lo hirió.
 
En su casa, ubicada en la misma localidad, cocina, barre, lava, plancha, encera y se encarga de todos los quehaceres del hogar. Se siente autosuficiente  con energía y fuerza para darle frente a la vida.    
 
A pesar de las adversidades Diego es un hombre alegre y positivo. No envidia a sus semejantes y al contrario su mensaje es optimista. “Hay que seguir, hay que levantarse así tenga las piernas o no las tenga y a las personas que tienen una limitación física la vida sigue  y los que están de pie y que se ‘achicopalan’ por problemas toca es salir adelante. A mí me toca duro pero ahí vamos”, sentencia dirigiéndose a la caja. Sonríe, es un hombre feliz. 
 
 
 
 
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