Secretaría Distrital de Integración Social

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Cuando el amor de una madre puede cambiar no solo a una hija, sino a todo un grupo de chicos y chicas con discapacidad

 
Bogotá, julio 26 de 2017. Todos los jueves sobre las 8 de la mañana un grupo de aprendices conformados por chicas y chicos arriban a la subdirección local de Barrios Unidos. Al mejor estilo de un equipo de fútbol, uno a uno bajan del bus que los transporta. Cada uno trae consigo un kit que contiene metro, tizas, retazos de tela, hilos y otros elementos necesarios para desarrollar el taller de costura que imparte la señora Lucero Leal.

Lucero tiene 57 años de edad y lleva 30 de ellos dedicada a la costura. En ese sentido cuenta a menudo sobre varios cursos que realizó en el Sena y en una academia con sede en Chapinero. Dentro de sus labores se destacan sus conocimientos confeccionando ropa infantil, deportiva y ropa interior en general.

Hasta este momento, la actividad de Lucero no parece distinguirse de la que realiza cualquier modista que en cada localidad seguramente se cuentan a montones. Es más bien lo que realiza desde hace nueve años al mando de un taller de costura para personas con discapacidad, lo que incluye a Lucero entre ese grupo cada vez más numeroso de quienes defienden y propenden por una inclusión cada vez más efectiva de la población con discapacidad en la vida cotidiana.

Ella es quien bien podría considerarse la Directora Técnica de este equipo, el cual lleva casi tres años usando como centro de aprendizaje el taller de maquinas de coser de la subdirección local de Barrios Unidos.

Todo comenzó con una victoria personal en el año 2009. En ese entonces Lucero se ocupaba de confeccionar los uniformes para la Fundación ‘Ludus’, la cual educa a personas con discapacidad y en donde además recibía clases su hija Vicky. Fueron los estudiantes y compañeros de su hija, quienes en alguna conversación con el director de la Fundación, el señor Harold Avendaño, propusieron que la señora Lucero, “la mamá de Vicky”, dictara un taller de costura como parte de las actividades lúdicas y formación complementaria a la recibida en la fundación. Propuesta que aceptó encantada y que viene desempeñando hace ya 9 años.

Sin embargo, nadie imaginaba cómo los resultados de ese taller superarían la simpleza del principio y develarían la existencia de Lucero, la pedagoga innata, la educadora y desarrolladora de finas estrategias para hacer que sus estudiantes entendieran de manera sencilla y práctica aquello que les enseñaba. El taller se impartía en la Fundación ‘Ludus’ donde contaba con solo tres máquinas de coser, lo que limitaba la práctica de los estudiantes.

Pero nada es gratis y mucho menos fácil. Solo en el 2015 se consiguió el permiso para que el taller se dictará en el salón la subdirección, donde contaría con un espacio mucho más amplio y con mayor disponibilidad de máquinas para aprender en el oficio. Lucero asistía a reuniones del Concejo Local de Discapacidad como representante y consejera de personas con discapacidad auditiva, fue en una de esas reuniones que se percató del salón y de las maquinas entonces gestionó el permiso. Actualmente al taller asisten 17 personas de los cuales 14 hacen parte de la fundación y tres de ellos son habitantes del sector.
 
 

Lucero se las ha ingeniado para facilitar el proceso de aprendizaje de los chicos, para que entiendan, aprendan y apliquen lo aprendido. Se esmera en sus palabras, para usar ejemplos cotidianos, fáciles, pero que sean también efectivos y que también se facilite el volver a ellos, tomando en cuenta que se trata de estudiantes con deficiencias cognitivas. Parte de ese programa que ella ha diseñado y pulido a lo largo de los años contempla, para empezar, el pegar botones de dos y cuatro ojos, botones de patas y de broche, funciones cognitivamente sencillas pero que trabajen la lateralidad y muchas otras funciones. Para esa clase principal, Lucero se ideó un juego el del río y el puente y de cómo la dinámica consiste en pasar por encima y por debajo del puente que es cada botón.

Con el tiempo aprenden a hacer ojales y coger dobladillos, además que ejercitan la motricidad fina, para luego pasar a las máquinas donde realizan ejercicios a partir de guías y patrones, líneas y curvas. De este modo se vuelven diestros, algunos de ellos incluso muestran orgullosos las prendas de vestir que ellos mismos han diseñado o cuentan sobre los bolsos recordatorios que confeccionaron para un foro sobre discapacidad local.

Pero, ¿de dónde le viene a Lucero toda esa imaginación y las estrategias que utiliza en clase para que sus estudiantes aprendan? Es entonces cuando surge en el panorama su hija Vicky Adriana Barrero Leal, de 28 años, nacida un 20 de junio de 1989. Lucero cuenta que la primera palabra que pronunció Vicky fue ¡Goool! Aquella expresión surgió cerca de los 15 meses de edad, mientras continuaba la efervescencia y la emoción pública de Italia 90´ el Mundial de fútbol celebrado en el país Europeo.

Lucero afirma que cuando Vicky nació, todo estaba dentro de la normalidad. Sin embargo, la niña sufrió del ‘Síndrome de aspiración de Meconio’, lo que la dejó con discapacidad auditiva y dificultades para expresarse, además de algunos problemas cognitivos. Lucero no pensaba permitir que los problemas de discapacidad de Vicky fueran impedimento para que ella no llevara una vida normal y feliz. Así que cada estrategia desplegada en el taller de costura tiene su precedente en los enormes esfuerzos de Lucero por hacer que su hija entendiera los conceptos que ella quería enseñarle. Vicky cursó algunos años de primaria en un colegio regular, el ‘Centro obrero Unión Social’, donde aprendió a leer y escribir. Se siente orgullosa de la labor de su madre.

Hoy Victoria es una mujer feliz. Es la asistente de su madre en el taller de costura y una deportista entusiasta. De hecho en las Olimpiadas FIDES, del mes de junio, obtuvo una medalla de oro y una de plata en las pruebas de bolos y bolos blancos respectivamente.
‘Vicky’ es también la más grande razón por la que Lucero ha venido desarrollando ese taller donde enseña costura que es también una manera de enseñarles a sobrevivir. En algún momento de su vida, que conozcan un oficio que les permita a los estudiantes con discapacidad auto gestionar sus propias existencias.

En ese sentido Lucero le pide a la gente que no cierren aun más la brecha que desdeña a las personas con discapacidad, que por el contrario, hay que ayudar, entender y trabajar por su bienestar. Siente que es la misión que tiene que cumplir, para lo que Dios la puso en esta tierra y por la que lucha, persevera y enseña, no solo a los estudiantes de la fundación sino a todos aquellos que limitan a las personas con discapacidad.

Vicky disfruta mucho del deporte. Juega fútbol, patea con la zurda y es goleadora como su ídolo James Rodríguez. Ha participado en dos olimpiadas FIDES y 5 Olimpiadas especiales que organiza el Ejército Nacional para hijos con discapacidad de los héroes de la patria. Cuenta con un total de 10 medallas, las cuales organiza en estricto orden de consecución. Es la mano derecha de la señora Lucero en el taller de costura, prácticamente su asistente técnica, pues es ella quien acompaña a los chicos recién ingresados y les ayuda con las tareas de pegado de botones.

Como ‘Directora Técnica’ Lucero conoce muy bien a cada uno de los integrantes de su equipo sus debilidades y fortalezas. En ellos también ha inculcado el compañerismo y el apoyarse mutuamente. Hay a quienes se les facilita la costura y otros el arreglar algún inconveniente técnico que surge con las máquinas, como el cambio de alguna aguja que se parte o el carrete enredado. Cosen escuchando música. Dos de ellos son los encargados de la música: Ómar Yesid Pinzón y Óscar Eduardo Pérez; el primero disfruta de la música electrónica, el segundo es el roquero. Su grupo favorito es ‘Soda Stéreo’.

Ómar es el único que maneja la fileteadora y es el más alto del grupo. Camilo hace bufandas. Camila Mateus de 26 años, es una de las más aventajadas. Ella confecciona bolsos pequeños, durante las vacaciones cosió algunos cojines para su casa, le gustaría estudiar educación preescolar para enseñar a niños y niñas con y sin discapacidad.

Ellos han encontrado en Lucero no solo una maestra sino una persona que contribuye a tejer sueños y deseos de superación, como los de Jonathan Granados quien no asiste a la fundación, pero si continúa en el taller, al igual que Jonathan, Julián López de 19 años han confeccionado sus propias chaquetas. Es aficionado a los ‘Manga’ dibujos japoneses y le gusta aprender inglés.

La ‘Bogotá Mejor para Todos’, por medio de la Secretaría Distrital de Integración Social, desarrolla el proyecto ‘Por Una Ciudad Incluyente y Sin Barreras’ a través de este, la subdirección local de Barrios Unidos y Teusaquillo benefician un total de 398 personas con discapacidad, 327 en Barrios Unidos y 71 en Teusaquillo. Los titulares de estos bonos son cuidadores y cuidadores y en algunos casos personas con discapacidad, pero los beneficiarios directos son las personas con discapacidad, como es el caso de la señora Lucero Leal quien recibe mensualmente un bono de 125 mil pesos que beneficia a su hija Vicky.

El sueño de Lucero es que esta iniciativa se convierta en un proyecto productivo modelo, para ello se busca la manera de quienes asisten al taller confeccionen los uniformes de los niños y niñas de los Jardines Infantiles de la subdirección local de Barrios Unidos y Teusaquillo, generando ingresos económicos que les permita cubrir sus necesidades.
 

 
 
 
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