
Rosita se enamoró como sin querer, queriendo. No sabe en qué momento sucedió, pero de lo que está segura es que fue a la hora del café… “Después de muchos tintos”,
dice.
La primera vez que lo vio fue el día de su cumpleaños, hace poco más de cinco meses. Recuerda que le llamó la atención su cara, porque era diferente, aunque no encuentra palabras para explicarlo. Calla un momento, y como si encontrara una verdad buscada hace mucho tiempo dice: “hmmm ¡yo creo que ese berriondo ya me había echado el ojo! Por eso lo sentí tan distinto a los demás”.
Y sí, la verdad es que Marcelino, o Don Marcelino, le había echado el ojo desde hacía rato. Según él, desde el mismo día en que entró a lo que hoy es su hogar: el Centro para personas mayores, Bosque Popular. “Yo pensé que nunca me iba a volver a enamorar, pero cuando vi a Rosita recordé las palabras de mi primera esposa antes de morir: ‘amor, no quiero que te quedes solo. Si te gusta una mujer, sé feliz con ella. Tienes mucha vida por delante y quiero que seas tan feliz como me hiciste a mí, no te de miedo volverte a casar’ ”, dice.
***
Marcelino llegó al Centro Bosque Popular en octubre de 2014, trasladado de uno de los Centros Noche que la Secretaría de Integración ofrece para personas mayores en condición de pobreza extrema y/o habitabilidad en calle. Llegó con 70 años, enfermo y con el recuerdo de un matrimonio que duró 51 años.
Rosita, por su parte, llegó al Centro con 71 años de edad en julio de 2014, luego que sus amigas fueron muriendo una por una. Ella, oriunda de Jericó –Antioquia- nuca se casó y al igual que Marcelino, no tuvo hijos.
***
El Centro Bosque Popular es una pequeña ciudad que bulle de historias que caminan y se abrazan a paso lento. Allí, en el barrio Jardín Botánico de la localidad de Engativá, la hora del tinto es un momento mágico. Es la oportunidad en que la memoria toma la palabra y se escuchan cientos de anécdotas en voz baja que constituyen el relato vivo de Bogotá y gran parte del país.
Fue en esos momentos de café donde se gestó el amor entre Rosita y Marcelino. “Yo si noté que ese negro era míreme y míreme. Al inicio me molestó pero luego me empezó a gustar y yo también le buscaba la mirada”, comenta Rosita.
Marcelino dice con orgullo que su plan de conquista fue de tres semanas: “la primera semana fue de miradas, sonrisas y saludos; la segunda me acerqué y le di un beso en la mejilla, en esa semana nos encontramos todos los días en la silla del amor –le decimos así porque los que se sientan allí es porque algo se traen- ; y a la tercera semana le dije al oído: te amo. Ella me dijo que también me amaba y en ese momento se oficializó nuestro noviazgo”.
En el Centro Bosque Popular se esparció el rumor y, como es natural en estos casos, un comentario hizo que la pelea llegara: “Me vinieron con el cuento que Marcelino tenía una esposa y varios hijos por ahí regados, eso me dio mucha tristeza y decidí terminarle, pero luego, cuando él me explicó que eso era una gran mentira lo perdoné, y para que eso no volviera a pasar y todos supieran que nos amábamos mucho, decidimos hacer los votos del matrimonio”, comenta Rosita.
Cuando en la Subdirección para la Vejez de la Secretaría de Integración Social se enteraron, hubo gran alegría y pronto se dio inicio a los preparativos para la boda. “Ésta tenía que ser una boda con todos los juguetes”, dice la coordinadora del Centro, Carolina Tapiero.
Y así fue. El pasado jueves 30 de abril las instalaciones del Centro Bosque Popular se convirtieron en una gran capilla al aire libre donde Marcelino y Rosita fueron declarados marido y mujer. Los padrinos de bodas fueron el secretario de Integración Social, Jorge Rojas Rodríguez y la subdirectora para la Vejez, Juanita Barrero.
“Esto es vejez con dignidad y envejecimiento con derechos”, sostuvo el secretario Jorge Rojas Rodríguez, quien destacó que estos Centros son un aporte para cientos de historias de humanidad como esta.
Marcelino y Rosita, ahora están casados, pasarán su luna de miel y volverán al Centro Bosque Popular donde sin lugar a dudas son la pareja más famosa. Allí continuarán su historia tranquilos y con la felicidad de haber vuelto a encontrar el amor.
“Estoy muy feliz, hoy estoy segura que nunca más estaré sola”, le dice Rosita a una periodista que la entrevista.
Julio Pulido
Oficina Asesora de Comunicaciones
Secretaría Distrital de Integración Social



















Fotografía: SDIS



