Secretaría Distrital de Integración Social

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El joyero que terminó en ‘El Bronx’, un exhabitante de calle que va ‘puliendo’ nuevas ‘gemas de esperanza’

 
Bogotá, 22 de mayo de 2017. Hace ya 40 años, cuando Fabio Rodríguez, aún con sus manos fuertes y rígidas tallaba en un taller una hermosa esmeralda, tan solo pensaba en todo el dinero que podría tener y lo feliz que sería. Pero a veces la vida cambia inesperadamente y consigo trae muchas sorpresas, y para Fabio una nueva historia se empezaba a escribir pero en esta oportunidad muy lejos de las minas de ‘esmeraldas’ en Muzo (Cundinamarca). 

Para esta ocasión, la ciudad capitalina le tenía un destino incierto que lastimosamente y para desgracia propia, se convirtió en un divagar entre la mendicidad, las botellas de alcohol y mucha pero mucha soledad.

La vida para Fabio Rodríguez como buen gemólogo, transcurría en el arte, estudio y pulido de las gemas y piedras preciosas en especial el relacionado con las esmeraldas, todas ellas recogidas en lo más profundo de la tierra, gracias al fuerte trabajo de miles de mineros que pasan su vida entera en la oscuridad al interior de los socavones. “Cuando lograba reunir dinero, pues pagaba mi arriendo y la comida, y de resto tomaba algunos aguardienticos para matar el frío o las penas”, comenta Fabio recordando las épocas de gloria.

Aunque vivía trabajando y gozando de las botellas de licor entre amigos, Fabio aún no se daba cuenta que poco a poco, se iba convirtiendo en un adicto al alcohol y que ya los mínimos ratos lejos de la mina terminaban en borracheras y hasta mendigando en la calles.

“Cuando me di cuenta de la vida que tenía decidí alejarme de todo y buscar un rumbo diferente. Me vine para la capital para tener nuevas cosas y lo logré por un tiempo, pero hoy creo que lo que no pude dejar atrás fue el alcohol y ese sí que me acompañó por más tiempo”, relata Fabio, quien luego de un largo silencio y un fuerte suspiro trata de ocultar la vergüenza que lleva en el alma por no haber puesto fin al licor de una vez por todas.

Dejando sus herramientas y su pasión por las gemas, Fabio llegó a la capital en busca de fortuna y mejores oportunidades. Pero al contrario de lo que imaginaba, el demonio del ‘alcohol’ lo seguía acompañando y al no tener un trabajo estable y la falta de dinero terminó divagando por las calles de la ciudad.

“Tomaba mucho, perdí mi familia hace tiempo por culpa del alcohol. No consumo ninguna droga adicional y me entristece ver los jóvenes que están consumidos por esos vicios que al igual que el mío, cada día nos está matando”, afirma.

Durmiendo en una banca ubicada en Pleno Parque Santander, pasaba las horas, recordando cuando se ‘enguacaba’, como dicen los mineros, es decir, cuando lograba conseguir una buena gema preciosa que al venderla le traería buen dinero. También trae a colación aquellas épocas cuando trabajó muy cerca de su jefe el reconocido ‘Víctor Carranza’ a quien acompañó por mucho tiempo trabajando en sus minas.

“En medio de tantas borracheras, un día hace algunos meses, recibí el saludo de unos jóvenes de chaqueta azul que me invitaron a ir a un lugar en donde no correría peligros en la calle y podría darme la oportunidad de estar de nuevo alejado del vicio, poder tratar de recuperar mi familia y mi vida”, muy contento relata Fabio, quien hoy a sus 68 años cree que la vida puede volver a comenzar.

Ahora Fabio Rodríguez se encuentra en un hogar de paso de la Secretaría de Integración Social. Su abstinencia al licor la va llevando poco a poco con ayuda profesional y mucha voluntad. Aunque no niega el haber tratado de hacer un proceso de recuperación personal y alejarse del vicio hace algún tiempo atrás, pero fueron más fuertes las ganas de seguir tomando ‘trago’ que su propia voluntad que terminó de nuevo frustrado caminando por las calles con botellas en la mano.

Desde que ingresó al servicio ha disfrutado de todas las actividades que se programan a diario en el centro de atención. Ahora se baña muy puntualmente a las cinco de la mañana. Siempre trata de estar elegante utilizando siempre su viejo saco de traje, un pantalón azul oscuro algo desteñido y unos zapatos negros que mantiene muy brillantes.

Con la vieja ‘peineta’ que guarda en un bolsillo de su gabán arregla un poco las desordenas y viejas canas que aún le quedan en su cabeza. “Por mi edad ya no volveré a mi trabajo con las gemas, debido a mi pérdida de visión y a mis manos que cada vez tiemblan más. Pero lucharé hasta el último día por disfrutar los años que me quedan, alejados de ese vicio que acabó con mis sueños, mi familia y las bellas esmeraldas que hacían vibrar este deteriorado corazón”, comenta Fabio Rodríguez muy feliz sonriéndole a la poca pero nueva vida que según él, brilla más que sus propias esmeraldas.
 

 
 
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