Secretaría Distrital de Integración Social

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“Ustedes me cambiaron la vida, más que cambiarla me salvaron de morir”: atendiendo en la emergencia con dignidad

 
Conociendo a Carmen…
 
El sol de la tarde entra por la ventana de la oficina de Emergencia Social de la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS) ubicada en el tercer piso del Centro de Atención Penal Integral a Victimas (CAPIV). Una mujer de tez trigueña y ojos oscuros llenos de curiosidad nos recibe con una sonrisa. A su lado un niño de tres años juega con el celular de su mamá como si este fuera un carrito, ajeno a toda la historia que nos relatará su progenitora de la cual él es protagonista. 
 
Carmen María Dokoe Gimaido  es integrante de la etnia ‘Bora’, la cual se encuentra asentada en lo profundo de la selva Amazónica. Para llegar allí desde Leticia se debe tomar una lancha y navegar por el gran río sin descanso por un mes y medio, o ir en avioneta en un recorrido de 8 horas. En lo profundo de esta selva esta mujer tomó la decisión de venirse a Bogotá a cumplir sus sueños, porque en su tierra son pocas las oportunidades. Cuando sólo tenía 16 años llegó a la casa de un familiar pero terminó viviendo en una pieza y trabajando en una cafetería porque su deseo era terminar su  bachillerato, conseguir un mejor empleo y ayudar a su familia. Hasta aquí esta historia  es como muchas otras, sin embargo, la vida de Carmen daría más vueltas imprevistas de las que ya había tenido. 
 
El sube y baja de la vida…
 
3 años después de instalada en Bogotá, en el barrio Altamira, de la Localidad de San Cristóbal; viviendo una situación llevadera entre estudio y trabajo y compartiendo su vida con un hombre que prometía amor y estabilidad quedó embarazada. Al compartir la buena noticia con su pareja, “el cambio inmediato de actitud fue el reflejo de que las cosas cambiarían”. Relata Carmen que al mes, sus palabras fueron: “…muchas gracias. Le dejó la llave de la pieza a la vecina, se largó y no lo volví a ver…”, recuerda.
 
A partir de ese momento todo cambió. Había perdido su trabajo, su pareja, había quedado en el aire, estaba embarazada, sola y sin un peso. Aunque tenía una hermana en la ciudad, las condiciones económicas no permitían una ayuda. Con cuatro meses de embarazo nadie la recibía para un trabajo y a pesar de su búsqueda juiciosa la negativa rotunda por su condición se había sumado a su dolido y desilusionado corazón por el abandono y la soledad.
 
De las repetidas negativas de trabajo, del hambre y el desespero surgió una idea en la mente de Carmen que fue ganando peso a medida que pasaban los días. Abortar era su única salida. Sin embargo, cuando se lo contó a su hermana, ésta le convenció para que no lo hiciera. No obstante, otra posibilidad se abría paso: la adopción. Y así fue como terminó Carmen con su barriguita de 6, casi 7 meses en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), buscando ayuda para entregar en adopción al bebé que venía en camino. Allí le dieron la información sobre el proceso de adopción. Esa era la ayuda que la entidad podía ofrecerle. Pero ella tenía un problema inmediato, pasaba hambre y su hermana ya no podía ayudarle más. 
 
Una funcionaria del ICBF le escribió a Carmen la dirección de Integración Social en un papel y le dijo que ahí ayudaban a la gente de forma inmediata. Ella recibió el papel convencida que era una pérdida de tiempo ir hasta otra entidad ya que al parecer nadie le podía dar una solución real en esta inmensa ciudad.  
 
La ayuda aparece en forma de Casa Rosada…
 
Pero a Carmen le esperaba un destino diferente. Su hermana al otro día la convenció de ir hasta la dirección que le habían dado en el ICBF. “Nada perdemos con ir”, le dijo, y emprendieron el camino hacia el centro de la ciudad. Al llegar encontraron en medio de las casas antiguas una casa rosada con avisos de la Alcaldía Mayor de Bogotá, en donde desde su entrada las recibieron muy bien.
 
Mientras nos relataba su historia los ojos de Carmen reflejaban esperanza “Desde que entré allí las personas fueron muy amables y luego nos atendió la doctora Lucila y fue como si se me hubiera aparecido un ángel. Ella me preguntó por mi familia, sobre mi situación, fue una persona que me dio un apoyo moral muy grande. Recuerdo que me dijo: ‘usted debe salir adelante, usted puede salir adelante con el niño’ y me dieron la ayuda con el mercado. Fue como si se me abriera una puerta. Fue una ayuda inmediata. En ese momento sentía que ya no había nada que hacer, pero cuando me dan esa ayuda en Casa Rosada, recobré el valor y comencé a pensar la vida no se ha acabado aquí, debo salir adelante con mi hijo”, asegura con entusiasmo
 
 “Todas las palabras que me dijo la doctora Lucila, independientemente de la ayuda que me daba que parecía caída del cielo, me hicieron sentir que realmente me escuchaba y me daba una mano. Alguien por fin me decía, su vida tiene solución”, relata Carmen. En este punto se le quiebra la voz y el llanto aparece al recordar ese momento tan amargo de su vida. 
 
Carmen continuaba su relato: “Como no podía quedarme más donde mi hermana, porque el dueño del apartamento le dijo que solo le había arrendado a dos personas y que yo no podía estar ahí, entonces Emergencia Social me ofreció vivienda en un hotel mientras la doctora Lucila, junto con la Fuerza Aérea, me conseguían un pasaje para Leticia. Allí estuve 8 días y luego me fui para mi tierra, y tuve a mi hijo junto con mi familia…”
 
Después de esa mala experiencia, Carmen decidió volver a Bogotá, junto con su hijo.  “Sabía que tenía una mano amiga con Emergencia Social. Cuando llegué aquí, volví a ir a la Casa Rosada. La doctora Lucila me ayudó a conseguir un nuevo trabajo y también me informó sobre los jardines de la Secretaria de Educación. Ahora  lo tengo en uno y me lo tratan muy bien. Ustedes me cambiaron la vida, más que cambiarla me salvaron de morir, de tomar una mala decisión, no es por exagerar pero el apoyo que me dio Emergencia Social fue una bendición sino hubiera ido a Casa Rosada, mi hijo no viviría”, finaliza. 
 
Hoy en día ha logrado superar su situación de vulnerabilidad. Actualmente ha formado una familia con un hombre que no solamente la ama de verdad sino también a su hijo. Tienen un negocio pequeño. Sueña con acabar sus estudios, ver a su hijo crecer, darle un mejor futuro, ayudar a sus padres. Los ojos de Carmen brillan de felicidad, aferrada a la mano de su pequeño hijo de dos años, quien la contagia y fortalece para seguir luchando porque está convencida hoy  más que nunca que ser madre es el don más maravilloso. 
 
¿Y quién es Lucila?
 
Lucila Mahecha es una mujer cálida. Con su amplia sonrisa atiende a personas en condición de vulnerabilidad social en el CAPIV. Psicóloga de profesión lleva más de tres años atendiendo en la Casa Rosada en Emergencia Social de la SDIS.
 
Su trabajo constante con la población más vulnerable de Bogotá, ha llevado a que esta mujer de ojos oscuros sea una experta en el arte de escuchar a las personas y buscar soluciones reales para ellos. Así como sus otros compañeros de localidades, el equipo de Emergencia hace articulación con diferentes entidades tanto distritales como nacionales para orientar y acompañar a quienes por diferentes razones no han logrado superar situaciones de vulnerabilidad y pobreza.
 
“Todos los días muchas personas pasan por nuestros servicios y pocas veces tenemos la posibilidad de saber realmente cuanto hemos impactado su existencia. Aveces sólo pensamos que hicimos un día más de trabajo y no somos conscientes de que al hacer algo que parece cotidiano cambiamos vidas, en este caso salvamos dos.  Por eso la invitación es seguir haciendo nuestro trabajo con el corazón, con la responsabilidad y el espíritu de servicio que siempre nos ha caracterizado”, asevera la doctora Lucila, como la llaman los usuarios. 
 
 

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