
• En un encuentro intergeneracional, estudiantes de la Universidad de los Andes compartieron con personas mayores de la Comunidad de Cuidado Bello Horizonte, en una jornada marcada por la memoria, el arte y el reconocimiento.
Bogotá, D. C., abril 29 de 2026. Entre retratos, juegos, colores y memorias, un grupo de personas mayores de la Comunidad de Cuidado Bello Horizonte, ubicada en la localidad de San Cristóbal, compartió una jornada significativa con estudiantes de las facultades de Ingeniería, Historia y Música de la Universidad de los Andes.
El encuentro intergeneracional comenzó con un recorrido por las instalaciones del campus universitario. Los visitantes conocieron una de las edificaciones más antiguas del claustro —una iglesia construida en 1922 que hoy alberga la Biblioteca de Arquitectura y Diseño— antes de llegar a la Facultad de Artes y Humanidades.

Allí, en uno de los amplios salones, se desarrolló una agenda centrada en actividades sencillas pero cargadas de sentido. Uno de los momentos más animados fue el juego de adivinar personajes, guiado por preguntas como: “¿Es hombre o mujer?”, “¿es cantante?” o “¿es bonito?”. Nombres como Shakira, El Pibe Valderrama e incluso Condorito surgieron entre risas, evocando referentes de distintas épocas que lograron tender puentes entre generaciones.
Más allá del componente lúdico, la actividad permitió a las personas mayores evocar momentos de su vida, recordar gustos, figuras públicas y comidas tradicionales. Cada ronda se convirtió en una excusa para narrar y compartir fragmentos del pasado con quienes escuchaban atentamente y celebraban cada acierto.
La jornada continuó con una sesión fotográfica. Los participantes posaron para retratos que luego colocaron en marcos que ellos mismos colorearon y decoraron. La actividad fortaleció los lazos de amistad entre las personas mayores y reforzó los vínculos afectivos con los estudiantes. “Sus manos y sus retratos merecen estar en un marco”, fue una de las frases de la estudiante de Artes, Paula Manuela Medina Gutiérrez.

Para las personas mayores, quienes viven de manera institucionalizada, este tipo de espacios representa una oportunidad de interacción social, reconocimiento y participación activa. Uno de los asistentes, Luis Arizmendi Bustos, conocido cariñosamente como “Lucho Cachucho”, sostuvo en sus manos un cuaderno lleno de escritos y expresó que “estos encuentros nos ayudan a reanimar nuestras neuronas”.
Jóvenes que recuerdan, mayores que enseñan
Esta es la segunda vez que ambas generaciones se encuentran gracias a un proceso liderado desde la clase Arte, Espiritualidad y Sanación de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes. En un primer momento, los estudiantes visitaron la Comunidad de Cuidado Bello Horizonte al sur de Bogotá.
Christian Snyder Moreno Martín, artista vinculado a la Comunidad de Cuidado Bello Horizonte, afirmó que estos encuentros “generan algo muy poderoso, porque los jóvenes aprenden y las personas mayores recuerdan”. Según explicó, el arte se convierte en una herramienta clave para fortalecer la memoria y la presencia en el aquí y el ahora.
“Una de las participantes tiene Alzheimer y, a través del arte, logra mantenerse en el presente. Estas actividades nos ayudan a activarnos cognitivamente y a detener los efectos del envejecimiento”, señaló Moreno.
Para los estudiantes, la experiencia también se tradujo en una forma alternativa de aprendizaje. Andrés Felipe Cuadros, estudiante de Ingeniería, contó que ya había tenido acercamientos a lo social a través de su trabajo con bancos de alimentos y experiencias comunitarias en Santander. “Estos espacios le cambian a uno la mirada”, comentó, al resaltar el valor de compartir con otras generaciones.
Lo que comenzó como una jornada de integración terminó siendo un intercambio profundo de saberes, afectos y memorias, que reafirma la importancia de crear espacios de encuentro donde escuchar y ser escuchado resulta tan esencial como aprender y recordar.



