
- - Con cuadernos llenos de historias propias, y una memoria prodigiosa, Luis Enrique Arizmendi aspira recopilar las experiencias de vida de sus compañeras a las que él llama cariñosamente “cuchibarbies” en un libro de bolsillo con entre 35 y 55 páginas.
- - Su historia está atravesada por momentos memorables, una familia de linaje y una realidad que hoy en día asume con mucha gratitud por haber encontrado una familia para compartir vivencias y plasmar sus “mayores” narraciones.
Bogotá, D. C., junio 10 de 2026. Luis Enrique Arizmendi hace honor a su apellido, un linaje que relaciona con reconocidas figuras del periodismo antioqueño, entre ellas Darío Arizmendi y Octavio Arizmendi Posada. Aunque no siguió una carrera profesional en los medios de comunicación, comparte con ellos la pasión por la escritura, la narración de historias y el interés por preservar la memoria de las personas a través de sus cuadernos y apuntes.
“Mi taita fue primo hermano del doctor Octavio Arizmendi Posada, quien me regaló una beca nacional en el deporte, y el periodista Darío Arizmendi me dio un contrato en el periódico El Mundo cuando él estaba allá”, cuenta Luis Enrique, haciendo gala de una memoria excepcional para relatar cada detalle de su pasado.

Y agrega: “El papá de mi taita, antioqueño, fue colonizador de más o menos 1.000 hectáreas en el norte del Tolima y parte de Caldas. Incluso donó tierras para la construcción de una iglesia y varios centros educativos en Falan”.
De su madre recuerda que fue prima hermana de Pepe Cáceres, el matador. “Mi mamá era Bertha Bustos Cáceres, y era de muy buena familia, y él le mandaba los tiquetes a mi mamá y nos invitaba para ir, para estar en las ferias de toros de Manizales, Caldas y en Medellín, en la feria de las Flores”.
Nació el 14 de junio de 1953 en Honda, Tolima, una fecha que recuerda con especial significado por coincidir con la celebración del Señor de los Milagros. Su vida ha estado marcada por grandes enseñanzas y por una notable capacidad de adaptación. De ser hijo único y provenir de una familia con amplios recursos, pasó por momentos difíciles, entre ellos la tragedia de Armero, en la que perdió a uno de sus hijos y lo que tenía de bienes.
“Uno tiene que seguir adelante y acomodarse a las nuevas situaciones de la vida”, afirma Luis Enrique con un marcado acento paisa, una alegría contagiosa que acompaña sus historias y una velocidad en cada palabra expresada.

Esa filosofía ha sido fundamental en su proceso de adaptación a la Comunidad de Cuidado Bello Horizonte, un servicio de la subdirección para la Vejez a través del cual brinda una atención integral a personas mayores dependientes o vulnerables que carecen de redes de apoyo familiar.
Llegó a este espacio a comienzos de 2024, después de que la vida le mostrara nuevos caminos y de enfrentar una etapa sin una red de apoyo cercana, pese a haber tenido varios hijos que, a la fecha, desconocen dónde se encuentra su padre.
Durante más de tres décadas trabajó como cuidador de una vivienda, acompañando a varias personas mayores. Allí construyó buena parte de su vida adulta, hasta que distintas circunstancias lo llevaron a dejar ese lugar e iniciar una nueva etapa.
Hoy ha encontrado en Bello Horizonte un espacio que lo inspira y le permite participar activamente en talleres, actividades y salidas pedagógicas, mientras continúa desarrollando una de sus grandes pasiones: escribir.
El escritor de historias
Por vocación propia, Luis Enrique encontró en la escritura una forma de contar historias y mantener viva la memoria de quienes lo rodean. Actualmente comparte su día a día con más de 50 personas mayores que hacen parte de esa Comunidad de Cuidado Bello Horizonte.
Sentado con varios cuadernos entre las manos, llenos de borrosas anotaciones y relatos escritos con dedicación, no deja pasar los días en silencio. Mientras muchos podrían pensar que la vejez es una etapa de quietud, para él representa una oportunidad para seguir creando, investigando y recopilando historias.
“Actualmente estoy recopilando las historias de vida de las ‘Cuchibarbies’ que están en esta comunidad”, señala entre sonrisas. Su propósito es reunir entre 15 y 25 relatos que permitan mostrar la riqueza de las experiencias acumuladas por las personas mayores a lo largo de sus vidas.
Sueña con publicar un pequeño libro de bolsillo que conserve esas memorias y las comparta con otras generaciones.
“Aquí hay varias que tienen bonitas anécdotas de su infancia, de su juventud y de todo lo que han vivido”, comenta mientras señala a algunas de las mujeres que se encuentran en el comedor y cuyas mesas están rotuladas con sus nombres.
“Esa que está allá vivió en Estados Unidos y tiene mucho por contar”, dice refiriéndose a una de sus entrevistadas, con quien ya ha sostenido varias conversaciones para incluir su historia en esta publicación que recogerá recuerdos sobre la infancia, el trabajo, los viajes, la familia y los aprendizajes de toda una vida.
Quienes lo conocen destacan su entusiasmo permanente. Ingrid Ramírez, coordinadora de la Comunidad de Cuidado Bello Horizonte, asegura que es una de las personas más participativas del servicio.
“Siempre está dispuesto a integrarse, conversar y participar en las actividades. Es una persona alegre y muy sociable”, comenta la profesional.
Además, destaca que Luis Enrique mantiene una actitud activa frente al aprendizaje: “Lee, escribe, conversa, participa en las actividades y mantiene la mente ocupada porque considera que nunca se deja de aprender”.
Mientras avanza en la edición de su libro, continúa llenando páginas con historias propias y ajenas. Cada palabra escrita es una forma de demostrar que la vejez no representa el final del camino, sino una etapa en la que aún es posible crear, aportar y seguir soñando.
En Bello Horizonte, Luis Enrique Arizmendi ha encontrado mucho más que un lugar para vivir: ha encontrado un espacio para compartir su experiencia, construir nuevas amistades y plasmar los recuerdos en renglones cuadriculados y subrayados que merecen permanecer en el tiempo.



