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Orlando y María Nubia aprendieron a juntar sus soledades y a multiplicar el amor en la Comunidad de El Bosque

Amor

  • Ambos llegaron a la Comunidad de Cuidado El Bosque con historias marcadas por la soledad y allí, hace tres años, se encontraron. Hoy comparten habitación, películas, pequeños detalles y un amor que los llevó a soñar con casarse y celebrar su historia junto a más de 200 personas mayores.
  • Desde el área de sicología de este servicio para personas mayores de 60 años se ofrecen diferentes estrategias y talleres con el fin de que sus integrantes disfruten del amor, la afectividad y la sexualidad como una parte fundamental de sus vidas.

Bogotá, D.C., septiembre 22 de 2026. El motor de su vida lo encontró Orlando al lado de Blanca Nubia, una mujer que, como él dice, le llegó del “cielo” cuando tenía 70 años. Durante más de cuatro décadas se desempeñó como mecánico, un oficio al que dedicó buena parte de su vida. Hoy, junto a su amada Blanquita, comparte sus días entre las diferentes actividades y disfrutan de alguna película que proyectan en el portátil rojo que Orlando guarda cuidadosamente en el clóset de la habitación 526, que ambos comparten en la Comunidad de Cuidado El Bosque.

Se conocieron en esta Comunidad hace tres años. Desde entonces, han aprendido a juntar las soledades de cada uno y a descubrir un amor de pareja que ninguno de los dos había vivido antes. Orlando, oriundo de Ibagué, y Blanca Nubia, de Armenia, disfrutan cada momento de esta etapa de la vida, acompañándose, cuidándose y construyendo juntos nuevas historias.

 

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Con el paso de los años, Orlando ha tenido que afrontar algunas dificultades respiratorias, que él relaciona con la exposición a los químicos que utilizó durante buena parte de su vida para dejar impecables los vehículos. Sin embargo, asegura que estas dificultades se hacen más llevaderas cuando tiene a su lado a su adorada Blanquita, su compañera de vida y de tantos momentos que hoy se convierten en historias compartidas.

“Aquí llevamos una excelente convivencia. Yo la amo, la consiento y ella está pendiente de mis medicamentos. Ella se preocupa mucho por mí. No nos gusta pelear; me gusta estar al lado de ella, cuidándola. Yo la amo de aquí al infinito”, dice Orlando, mientras ambos muestran, con una sonrisa, las argollas que adquirieron una tarde durante la visita de un amigo que vendía joyas de fantasía.

Un lugar para volver a encontrarse con el amor

La historia de Orlando y Blanca Nubia no es única. Actualmente, seis parejas han decidido compartir su vida en la Comunidad de Cuidado El Bosque, un espacio en el que, además de recibir acompañamiento y atención, las personas mayores encuentran oportunidades para construir vínculos y fortalecer sus redes de apoyo.

Nancy Pinzón Moreno, psicóloga de la Comunidad de Cuidado El Bosque, explica que muchas de las personas que llegan a este espacio lo hacen solas y, en algunos casos, consideran que la posibilidad de volver a establecer una relación afectiva ya no hace parte de sus proyectos de vida.

“Muchas de las parejas que están constituidas llegan aquí sin pareja, llegan solas y para ellas muchas veces ya está descartado en su vida volver a constituir una relación amorosa. Aquí se encuentran nuevamente con el amor y, a través del trabajo que hacemos desde el área de psicología, les permitimos vivir de una manera bonita ese amor que empiezan a construir”, señala la profesional.

En la Comunidad, además, la afectividad y la sexualidad de las personas mayores se abordan de manera abierta y respetuosa. Para ello, cuentan incluso con un espacio destinado especialmente a las parejas, diseñado para que puedan compartir momentos de intimidad y expresar sus afectos con privacidad.

“Para nosotros la sexualidad no es un tabú. A través de talleres hacemos procesos de socialización sobre afectividad, sexualidad, prevención de infecciones de transmisión sexual y los mecanismos de protección”, explica Pinzón Moreno.  

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Dos historias marcadas por la soledad

Detrás de este encuentro hay dos historias de vida marcadas por la ausencia de redes familiares. Blanca Nubia perdió a su única hermana hace varios años y, desde entonces, ha afrontado la vida prácticamente sola. De vez en cuando recibe la visita de una sobrina y, algunas veces, de los hijos de ella. 

La historia familiar de Orlando también estuvo marcada por la ausencia. Fue abandonado cuando tenía apenas tres años. A pesar de las dificultades, salió adelante y logró convertirse en propietario de un taller de mecánica en el sector de Chapinero, donde trabajó durante buena parte de su vida. 

Con los años aparecieron algunas enfermedades que afectaron su vida cotidiana y le impidieron continuar trabajando. Aunque asegura que siempre llevó una vida alejada del alcohol y de otros excesos, su estado de salud terminó por limitar las actividades que durante tantos años habían sido parte de su rutina.

Fue entonces cuando una de sus clientas del taller, conocedora de las circunstancias que atravesaba, le recomendó acercarse a los servicios de la Secretaría Distrital de Integración Social. Así comenzó un nuevo capítulo en su vida, que tiempo lo llevaría a la Comunidad de Cuidado El Bosque, donde no solo encontró atención y acompañamiento, sino también a Blanca Nubia.

“Yo tenía clientela por acá cerca de El Tiempo y venía con frecuencia, pero nunca me di cuenta de esta edificación, ni mucho menos pensé que pasaría esta etapa de la vida en este lugar”, recuerda Orlando, mientras Blanca Nubia permanece a su lado y le ayuda con el equipo de oxígeno que utiliza para estabilizar su respiración.

Los pequeños detalles que hacen la diferencia

En el clóset que comparte con Blanquita todavía se pueden ver los vestidos de paño y lino que luce a diario en la Comunidad de Cuidado.

“Cuando trabajaba en el taller tenía tres batas: dos eran para mis actividades laborales y la otra para visitar a los clientes”, cuenta Orlando.

Blanca Nubia lo escucha y sonríe. Para ella, una de las cosas que más disfruta de su compañero es precisamente su manera de vestir. También están las invitaciones a los piqueteaderos cercanos a la Comunidad y, sobre todo, los cientos de pequeños detalles que recibe a diario de quien hoy comparte con ella esta etapa de la vida.

Su historia, que comenzó cuando ambos pensaban que la soledad sería parte de sus últimos años, hoy tiene nuevos planes. Con el compromiso sellado por unas argollas y el amor que se profesan cada día, Orlando y Blanca Nubia sueñan con casarse en la Comunidad de Cuidado El Bosque.

Quieren que los testigos de ese momento sean las más de 200 personas mayores que hacen parte de este servicio y cada uno de los rincones que se han convertido en escenario de su historia.

Para ellos, este lugar no solo es el espacio donde encontraron cuidado y acompañamiento. También es donde descubrieron que el amor puede llegar a cualquier edad y que nunca es tarde para comenzar una nueva historia.

 

 

 

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