
- Este viaje por la memoria de 24 personas mayores del Centro Día de Chapinero cobró vida a través de fotografías, ilustraciones, bordados y tejidos, gracias al trabajo conjunto con el Semillero de la Escuela de Arte y Comunicación Digital de la Fundación Universitaria UNITEC.
- “Más que una nota, esta experiencia con las personas mayores nos generó un vínculo y un impacto personal en cada uno de nosotros” dice Nicol, una de las estudiantes que lideró este proceso.
Bogotá, D.C., octubre 1 de 2026. Hubo un tiempo en que Chapinero tenía vacas y Zita María Estrada las ordeñaba. “Recuerdo cuando Chapinero estaba lleno de vacas y yo las ordeñaba”, dijo Zita, quien ha vivido en la localidad durante 64 años y es una de las personas mayores del Centro Día Casa de la Sabiduría de Chapinero que compartió sus recuerdos, saberes y vivencias en las jornadas “Tardes libres: Recuerdo y memoria, archivo vivo y relatos visuales de Chapinero”, desarrolladas junto al Semillero de la Escuela de Arte y Comunicación Digital de la Fundación Universitaria UNITEC.
Este relato se suma a 23 historias del grupo de personas mayores que, desde el 25 de septiembre de 2025, emprendió un viaje por la memoria de Chapinero. Sus recuerdos, saberes y andanzas encontraron en la creatividad y en los lenguajes artísticos de los estudiantes de Escuela de Artes de Producción Audiovisual una nueva forma de permanecer y llegar a otras generaciones. Así, las narrativas de quienes han vivido y construido la localidad se convierten en un legado y en un patrimonio vivo para la comunidad.
Durante la jornada del primer corte de estas actividades, en las instalaciones de UNITEC, Fredy Ariza, coordinador de la Casa de la Sabiduría de Chapinero, señaló que estos ejercicios entre personas mayores, estudiantes y comunidad, permitieron llevar el aprendizaje más allá de las aulas y convertir los recuerdos en fotografías, relatos y nuevas formas de contar el territorio.
“Cada historia compartida se convierte así en una pieza de esa memoria colectiva que merece ser conocida y preservada por las nuevas generaciones. Porque recordar cómo era Chapinero, sus calles, sus parques, sus potreros y la vida de quienes lo habitaron también es una manera de comprender el presente y de tender puentes hacia el futuro”, dijo el coordinador.

La bitácora de sus vidas
Este encuentro intergeneracional comenzó con una investigación previa para conocer de cerca servicio Centro Día. Poco a poco, se convirtió en un espacio para compartir recuerdos, historias y aprendizajes.
Nicol Arciniega, estudiante de Fotografía y Comunicación Visual, cuenta que la confianza se fue construyendo lentamente. “Empezamos desde el recuerdo, el dibujo y los objetos. A través de estos ejercicios se fue generando un vínculo y las personas mayores fueron abriendo el corazón para contarnos sus historias”.
Para ella, el arte se convirtió en una puerta de entrada para acercarse a sus vidas y expresar sentimientos. Fotografías, ilustraciones, tejidos, bordados y otros objetos fueron tomando un significado especial durante los encuentros, porque permitieron evocar momentos y reconstruir fragmentos de sus historias.
“Somos un semillero al que le gusta preservar la memoria, pero más allá de eso se generó un vínculo. Ellos también generaron un impacto personal en cada uno de nosotros”, señala Nicol, quien destaca la disposición de las personas mayores para participar, aprender y compartir.

Las jornadas, realizados los viernes, fueron creando una relación de confianza en la que ambas generaciones encontraron algo para enseñar y aprender. “Nos animan, nos sacan las palabras a uno. Ya se ha generado un vínculo”, manifestó Elena Arévalo, otra de las personas mayores participantes, quien reconoce en los estudiantes una compañía que aporta energía y alegría a sus semanas.
Para Sergio Parra, director académico de la Escuela de Artes, esta experiencia también representa una oportunidad para fortalecer el proceso de formación de los estudiantes, al permitirles relacionarse con otros contextos y comprender cómo los conocimientos disciplinares pueden ponerse al servicio de experiencias reales. “Son espacios que deben permanecer. Reconocemos su valor y su importancia para el proceso de formación”, puntualizó el académico.



