
• Calixto cierra su trayectoria con gratitud y espera haber contribuido a la transformación social de Bogotá.
• Resalta la importancia de cuidar la salud mental y saber manejar los temas que atienden las Comisarías de Familia de la Secretaría de Integración Social.
Bogotá, D.C., febrero 4 2025. Calixto Carreño Castro recuerda con claridad el día que ingresó al servicio público: 25 de marzo de 1983. Fue entonces cuando comenzó su trayectoria en la Secretaría de Gobierno, antes de que el Departamento Administrativo de Bienestar Social se convirtiera en lo que hoy es la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS). Desde el inicio, su vocación estuvo ligada a la atención de las familias y la protección de sus derechos.
Las Comisarías de Familia apenas se estaban consolidando en Bogotá cuando él se vinculó como secretario. La primera comisaría permanente fue la de Puente Aranda, donde las personas hacían largas filas esperando ser atendidas. Luego vinieron otras en Suba, Kennedy y Engativá, ampliando la cobertura de un servicio que, aunque fundamental, pocas veces era reconocido en su justa dimensión.
Tras doce años como inspector de policía en Teusaquillo, presentó un concurso interno para secretario de Comisarías de Familia. Lo aprobó junto a seis compañeros más y desde entonces, recorrió distintos despachos en Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa, Mártires y Fontibón. Con convicción, siempre afirmó que el secretario es el corazón de la comisaría: cada petición, cada expediente, cada historia de vida pasaba por sus manos. Era su responsabilidad garantizar que todo se hiciera de la mejor manera, con respeto y compromiso.
Después de 42 años de servicio, Calixto hace un balance. Afirma con certeza que las Comisarías de Familia cumplen un papel clave en la garantía de derechos de las familias, aunque su labor sigue siendo invisibilizada. La carga emocional es enorme: los funcionarios se enfrentan a realidades difíciles, cargan con los conflictos de los demás y, muchas veces, llevan en su memoria casos que nunca olvidarán. Para él, los más duros fueron siempre los relacionados con violencia contra niños y abandono de adultos mayores.
Pese a todo, se siente orgulloso. En más de cuatro décadas de servicio nunca tuvo un proceso disciplinario y ejerció su labor con respeto y responsabilidad. Aunque se retira con el sentimiento de que quedaron cosas por hacer, se alegra de que hoy las Comisarías estén en un proceso de fortalecimiento.
Antes de irse, deja un mensaje a quienes hoy comienzan este camino:
"Llénense de serenidad y paciencia. La salud mental es fundamental, no lleven los problemas a casa. No se trata de deshumanizarse, sino de aprender a controlar las emociones. Bogotá necesita servidores públicos comprometidos con la transformación social."
Calixto Carreño Castro cierra este capítulo con gratitud. Las Comisarías fueron su vida entera, y su legado queda en cada caso atendido, en cada derecho garantizado y en cada persona que encontró en él una mano firme y solidaria.



