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Erika descubrió en sus recetas, el camino para superar las barreras

 

 
Bogotá, 19 de febrero de 2020. Vestida de blanco impecable, concentrada y metódica, organiza uno a uno sus implementos de cocina. Luego elige los mejores ingredientes de la alacena y empieza a cortar con una técnica, ya dominada, cada uno de los plátanos maduros. Previamente ha puesto una olla con agua a hervir, para luego iniciar la cocción y poco a poco, va mezclando la leche, con la harina y los huevos, con una pizca de sal y una pizca de azúcar.

Después, con precisión geométrica, empieza a cortar los cubitos de queso mozzarella para hacer el relleno. Sin perder de vista ningún detalle, calcula tiempos y consistencias y con sus pequeñas manos empieza a darle forma a sus amasijos. Mientras tanto, en la freidora el aceite hierve, está en su punto de temperatura y así las bolitas de plátano rellenas de queso, empiezan a tomar ese color doradito que indica que sus deliciosas croquetas estarán listas para servir.

Con apenas 19 años, su tenacidad y determinación la han llevado a ser la mejor en lo que hace y su discapacidad cognitiva no ha sido una barrera para lograrlo. No en vano después de haber realizado los 5 ciclos de formación en cocina, en el Centro de Atención Distrital para la Inclusión Social (CADIS), y de ganar un cupo en el curso de auxiliar de cocina, al que llegan quienes tienen mayores destrezas, hoy Erika hace parte del equipo de trabajo de una reconocida empresa de elaboración y venta de productos alimenticios que la patrocina como aprendiz.

Llegar allí no fue fácil, tuvo que cumplir con inducciones, pruebas, exámenes y entrevistas y después de una semana, recibió la llamada que esperaba: “Me dijeron que firmaba contrato al otro día, me sentí orgullosa. ¡Yo Pude!”. “Mi mamá estaba feliz y mis hermanos también, ellos me dijeron que estuviera juiciosa”, recuerda aún con emoción.
 

Pero en este camino no ha estado sola, por el contrario, ha contado con el acompañamiento de los profesionales del CADIS, quienes, inicialmente buscan las empresas patrocinadoras en la etapa de aprendizaje y posteriormente continúan desarrollando una labor permanente de seguimiento a los procesos de inclusión de las personas con discapacidad que están empezando su vida laboral para seguir apoyando su desempeño.

La jornada de Erika empieza cuando apenas despunta el día y su primera labor es con Sofía, su pequeña hija de 2 años. Recuerda que al principio se asustó cuando supo que sería mamá, pero ahora solo siente mucho amor y orgullo. Ella alista a su pequeña, le prepara el desayuno y juntas salen de la mano camino al jardín infantil y a pesar de que Erika quisiera tenerla con ella en todo momento, sabe que su trabajo le permitirá darle un mejor futuro.

Desde Usme, atraviesa, cada mañana, media ciudad para llegar a su lugar de trabajo. Sin embargo, nunca llega tarde, porque para ella ser puntual es muy importante. En su primer día, sus compañeros de trabajo le dieron la bienvenida y le prometieron enseñarle muchas cosas.

Cuando recibió su primer pago compró un celular, llevó a su familia a comer, le compró ropa nueva a Sofía y se metió a una ‘cadena’ para ahorrar.

Está a un mes de finalizar su proceso como aprendiz y a la espera de ser vinculada por la empresa como parte de su equipo de empleados permanentes. “Soy una trabajadora y me siento orgullosa de estar aquí trabajando, quiero seguir mi carrera de cocina más avanzada y ser chef como mi papá” dice.

Con los ingresos de un trabajo estable, ella quiere comprar una casa. Sobre sus proyectos afirma que lo que más quiere es “seguir adelante, que me salga mucho trabajo, sacar a mi hija adelante y ayudar a mi mamá. También me gustaría tener un negocio para el futuro y hacer croquetas de pollo y maduro”.
 

El CADIS brinda atención en formación socio-ocupacional para las personas con discapacidad y sus cuidadores con el propósito de fortalecer procesos de inclusión en entornos productivos.

Erika ha ofrecido dar una clase para enseñar lo que ella ha aprendido a sus compañeros del CADIS, es su manera de retribuir su gratitud. “Quiero que aprendan para que vayan a la casa y les enseñen a otras personas y a las familias”.

Ejemplo de valentía y perseverancia esta jovencita, amante del fútbol, de figura menuda, mirada tímida y una sonrisa que le ilumina el rostro, no duda en afirmar “El CADIS me hizo cambiar mucho, me portaba mal en la casa y el colegio. Me gustó, me sirvió para aprender muchas cosas; ya me hace falta ir allá, pero por el trabajo ya no me queda fácil. Para los que tienen discapacidad les digo que vayan, para que salgan adelante, que allá los ayudan mucho”. 
  

 
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