Secretaría Distrital de Integración Social

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Astrid y Paola, una dosis callejera de amistad

 

 
Bogotá, 5 de marzo del 2020. Se conocieron hace cuatro años consumiendo drogas y se protegieron mutuamente en las calles del centro de Bogotá. Con voluntad, Astrid logró su desintoxicación y ahora hace parte de las brigadas de atención al habitante de calle de la Secretaría de Integración Social, desde donde intenta rescatar a Paola.

El destino las juntó de manera caprichosa hace ya cuatro años en una ‘olla’. Después de un proceso fallido de recuperación, Astrid, ‘La Flaca’, buscaba desesperadamente una dosis de bazuco. Así llegó hasta Paola, ‘La Negra’, quien controlaba un expendio del alucinógeno en el barrio San Bernardo, en el centro de Bogotá.

Ese fue simplemente un contacto de cliente a vendedora. Pero el tiempo y la soledad hizo que entre las dos se creara un lazo de confianza y protección alrededor del mundo de drogas en el que vivían.

“Yo le contaba mis cosas a ‘La Negra’ porque siempre fue respetuosa conmigo. Fue mi amiga en un ambiente donde para muchos la amiga es la soledad. ‘La Negra’ me dejaba llorar y me cuidaba en ese lugar de lobos. Ella me enseñó a moverme y por eso sobreviví”, recuerda Astrid.
 
 
 

Atadas al consumo comprendieron que tenían muchas cosas en común. Llevadas por malas decisiones, ambas mujeres sucumbieron al mundo de las ‘papeletas y las bichas’, alejándose de los seres que más amaban: sus hijas.

“Cansada de todo eso, un buen día, llegué con una ropa bonita que tenía, era la que más me gustaba, y se la regalé a Paola como símbolo de nuestra amistad. Ese día me despedí después de consumir lo que hasta ahora ha sido la última dosis de bazuco en mi vida. Le prometí que la próxima vez que nos veríamos yo estaría mejor”.

Lejos de su amiga pero aún agobiada por la rutina del consumo, a ‘La Flaca’ se le aparecieron los ‘ángeles de la calle’, esos superhéroes anónimos de la Secretaría de Integración Social, hombres y mujeres que recorren canales, andenes y rincones de la ciudad tendiendo una mano a esa población esclavizada por las drogas.

“Acepté la ayuda, acudí a los servicios y le pedí a Dios que me sacara de ese infierno para trabajar por los demás. Hoy me parece que le hubiese pedido un deseo al genio de la lámpara”. Todo se dio.

Ángel de calle

En principio no fue un proceso fácil, pero la voluntad, el apoyo de su familia, la propia aceptación de sus errores y el trato cariñoso de los profesores de los centros de atención para habitantes de calle, le permitieron rehacer su vida. Ahora Astrid hace parte de esa brigada que busca dignificar al ciudadano habitante de calle y es quien brinda afecto a los que están como estuvo ella alguna vez.

Desde otra realidad y libre de temores, Astrid retomó las calles donde aprovecha su propia experiencia para apoyar a otros a darse una oportunidad.

Tres años después de la despedida entre las amigas, el destino volvió con sus caprichos. ‘La Flaca’ lideraba un operativo de los ‘ángeles de la calle’ en el corazón de Chapinero donde se encontró con unos ojos conocidos. “Al quitar una cobija descubrí a una mujer. Me le quedé mirando y reconocí a Paola. Ella se despertó, nos miramos y nos abrazamos en medio de un profundo llanto. Me felicitó al ver que cumplí con el cambio que prometí aquella vez”.

Astrid ve en Paola el reflejo de su pasado gris, cuando estaba sin rumbo, atrapada en las drogas. “Quiero ayudar a ‘La Negra’ a salir de este laberinto tormentoso. Es un calvario, el propio infierno en vida”. Y por eso que llaman “hermandad de vivencias”, ‘La Negra’ sigue cuidando en la calle a Astrid. Ellas están la una para la otra.
*
Paola es pura ternura. Bajo algunos harapos y la rudeza de las huellas que ha dejado la calle en su cuerpo se esconde una mujer indefensa que clama por ayuda. Habla e inevitablemente le brotan las lágrimas y se le corta la voz, porque bien sabe que esa adicción que la ha acompañado desde los 17 años -la mitad de su existencia- la apartó de su familia y del sueño de tener su propio negocio y acicalarse bien.

“Astrid para mí lo es todo. Está muy bonita y cumplió lo que dijo. Así como ella pudo salir de la adicción espero yo también hacerlo para colocar un local de cabinas telefónicas. Por ahora sigo la rutina de un día más en lo mismo, pero me da miedo internarme y recaer. Ya me ha pasado. Sé que eso que me gusta me destruye, pero es más fuerte que mi voluntad. Hay que sacarle la lengua a la vida pero es la vida la que me está dejando sin lengua”.

Para Astrid, administradora de empresas, la clave de todo está en “insistir, persistir y no desistir para salir adelante”. Lo dice pensando en Paola y su intención de recuperarse, y también en ella misma como multiplicadora del valor de las segundas oportunidades. Su aporte en la Secretaría de Integración Social más que un trabajo es una manera de servir y de compartir con la ciudadanía que el habitante de calle también tiene derechos y que con acciones afirmativas se puede direccionar con la ayuda correcta.

Por ahora Paola está considerando aceptar la ayuda para desintoxicarse, reencontrarse con su hija y rehacer sus sueños. Mientras tanto Astrid sigue orgullosa de haber recuperado a sus seres queridos y estar salvando las vidas de hombres y mujeres que habitan las calles, pero no descansará hasta apartar a Paola de ese mundo donde ambas compartieron esa dosis de amistad.
   

 
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