
• La Comunidad de Vida El Camino, el servicio en el cual Mauricio y Nelson reciben atención integral de la Secretaría de Integración Social, fue la inspiración para dar nombre a este sueño musical que, poco a poco, ha ido creciendo.
• La orquesta Son del Camino está conformada por beneficiarios de la comunidad de vida y por varios miembros del equipo de profesionales de la entidad, quienes acompañan los procesos de desarrollo y superación de vida en calle de esta población vulnerable.
Bogotá, D.C., enero 20 de 2025. Son las 3:00 p. m. y, como cada tarde, Nelson y Mauricio llegan al salón de ensayos. Emocionados, sacan los instrumentos y acomodan el improvisado escenario donde dan rienda suelta a sus talentos, en ese mágico momento de comunión alrededor de la música.
Ellos forman parte de la Orquesta Son del Camino, un proyecto musical que, desde hace casi un año, los ha motivado a avanzar en su proceso de superación de vida en calle en el centro El Camino de la Secretaría de Integración Social, mientras vislumbran un futuro más amable y prometedor.
El ensayo es quizá el momento más esperado del día. Nelson, siempre puntual, apresura impaciente a los "profes", como llama a los profesionales de Integración Social que han apostado por este sueño musical. Con la felicidad de un niño, toca con poderosa cadencia los cueros de los tambores, de los cuales ha aprendido a extraer incontables melodías con sus grandes y curtidas manos.
“No pensé nunca en encontrarme con la alegría de estar en una orquesta y volver a hacer música. No pensé que lo haría de nuevo desde que estaba en las drogas. Lo que más me gusta es que me desahogo, me tranquilizo y siento mucha alegría”, señala Nelson.
Mientras tanto, Mauricio, un experimentado pianista de ojos azules intensos y rizos rebeldes, afina con calma el teclado. Con tranquilidad y maestría, da vida a los arreglos que imprimen su estilo a los clásicos de la salsa, el merengue y los ritmos tropicales.

“Para mí, Son del Camino es un buen tiempo de esparcimiento, pero, ante todo, un buen grupo de seres humanos con un objetivo común: creer en los sueños y trabajar en ellos. Es una oportunidad de vida, especialmente cuando se pueda hacer público y ser un aporte para quienes terminamos un proceso, haciendo de la música un pilar para nuestro estilo de vida”, afirma Mauricio.
Javier Guaqueta, músico de formación con un oído virtuoso y un amplio conocimiento musical, guía a Son del Camino a través de la aventura creativa. Junto a Emilio Merchán, músico y docente de Ciencias Sociales, ambos profesionales de la secretaría acompañan a los habitantes de calle en el descubrimiento y desarrollo de sus habilidades artísticas, apostando por su inclusión social, familiar y laboral.
“Tengo el orgullo de conducir este maravilloso proceso. La idea es que no sea solo musical, sino que aquí puedan desarrollar capacidades actitudinales y aptitudinales, fortaleciendo tanto la memoria cognitiva como la tradición. El fin de esta orquesta es ser un espacio de alegría, lo más importante”, comenta Javier.
Por su parte, Emilio recapitula el progreso de la orquesta con la incorporación de más personas, un repertorio más amplio y la experiencia de presentaciones en diversos espacios y eventos. “La orquesta ha permitido potenciar la expresión de sentimientos y emociones, tramitar alegrías, motivar la autoconfianza, el trabajo en equipo y fortalecer la autoestima, tanto de los ciudadanos exhabitantes de calle como de los profesionales”, explica Emilio.
Concluye: “En el falso imaginario se cree que músico es solo quien se forma en una academia, pero hemos demostrado que el cariño por hacer las cosas, valorar el esfuerzo de las personas y el reconocimiento del público son lo realmente satisfactorio y fundamental en la dignificación e integralidad de quienes conformamos esta agrupación”.



